Escrito por: Alejandra Gutiérrez @linalejandrag
Corrección por: Akemi Amaya @kammsauriorex
Fotografía por: Daniel Melgarejo @fentadan
Desde la antigüedad la traducción ha cumplido el propósito de conectar culturas mediante el lenguaje. No obstante, no se limita a descifrar idiomas, sino que abarca modos de vida y saberes, implica comprender a profundidad el contexto que rodea a la obra y transmitir con exactitud su esencia. Esta práctica se remonta al origen de la comunicación humana y como se ha dicho, va mucho más allá de las palabras. Jacques Derrida, filósofo francés, señalaba que la auténtica obra de un escritor es una traducción de los pensamientos que habitan en su propia mente.
El rol del traductor pese a su incuestionable importancia ha sido invisibilizado con frecuencia por la idea simple de que su oficio consiste solo en trasladar palabras de un idioma a otro. Sin embargo, la verdad es que se trata de una labor mucho más compleja; se trata de la conexión de conocimientos, entendimientos culturales, sociales, intelectuales e incluso emocionales.
En este sentido, es posible concebir el oficio del traductor como un ejercicio de coautoría y creatividad. Desde su lugar, el traductor no solo pone lo académico al servicio del conocimiento, sino que busca transmitir la esencia de un todo: pretende llevar al lector, usuario o espectador al lugar de los hechos, en vez de adaptar superficialmente la obra al público. Etimológicamente, la palabra traducción entiendo como “llevar” o “traer” y es, por lo tanto, un puente de doble sentido.
En la traducción literaria, esta constituye una de las formas más ricas y complejas de transmisión de ideas, emociones y culturas; por ello, imaginar un mundo sin traductores equivale a imaginar un mundo sin libros. Los grandes clásicos lo son hoy en día gracias al trabajo de quienes tradujeron el universo de cada obra para impedir su desaparición en el tiempo. Dentro de esta área, la profesión se especializa por temas y géneros, tanto en el ámbito académico como en el literario conformando nichos. Así distintas editoriales, tanto grandes como independientes, se dedican a realizar rescates editoriales para dar a conocer obras de diversos rincones del planeta. Por mencionar algunos ejemplos, Elefanta Editorial en México, cuyo propósito es visibilizar literatura que ha permanecido al margen en Occidente, como la africana; o Poklonka Editores en Colombia, enfocada en traducir obras de origen nórdico y ruso, tanto contemporáneas como clásicas. Ambas comprenden que una buena traducción ilumina el mundo del conocimiento y la comprensión, además de influir profundamente en la creación artística y literaria de otras regiones.
Los traductores no solo aproximan a los lectores a universos ajenos, sino que ejercen una influencia amplia y profunda en el entendimiento intercultural. Cada traducción es el ofrecimiento de una nueva creación que da cuenta de una época y una cultura.
En un mundo crecientemente interconectado por el entorno digital, la traducción literaria y artística se reafirma como un canal que permite el intercambio de saberes, emociones y perspectivas diversas. Reconocer la trascendencia de esta labor implica entender que, sin ella, gran parte del conocimiento mundial permanecería confinado en su región de origen, limitando el acceso a saberes que enriquecen la cultura humana y obstaculizando procesos que han impactado el desarrollo social, académico, científico y emocional.
Por estas razones, resulta fundamental abordar el papel de la traducción automática: no como una imposibilidad técnica, sino como un recurso con límites claros. Obtener la equivalencia de una palabra no equivale a traducir un mundo o una totalidad. Por ello, es importante avanzar en la profesionalización de este oficio, ampliar la oferta académica disponible y otorgarle el reconocimiento institucional y social que merece. Un mundo sin traductores es un mundo ciego a la otredad; en un contexto donde las humanidades a menudo se ven relegadas al empirismo, crear programas de formación rigurosos es también una manera de preservar la traducción del mundo.
Traducir nunca ha sido solo ejercicio de lingüística, sino, un acto fundamental de empatía y resistencia cultural. Defender y profesionalizar el oficio del traductor en últimas es garantizar que el mundo siga siendo un lugar donde el idioma no limite el alcance de la condición humana ni el acceso al conocimiento de la otredad.
Referencias:
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- Dirección de Educación Continua, Universidad Central. (2024, 13 de septiembre). La relevancia de los traductores en la historia de la literatura. Universidad Central. https://universidad.ucentral.edu.co/blog-dec/2024/09/13/la-relevancia-de-los-traductores-en-la-historia-de-la-literatura/
- Editorial J. Bernavil. (2025, 31 de julio). La importancia de la traducción literaria: Puentes entre culturas y mundos. https://editorialjbernavil.com/2025/07/31/la-importancia-de-la-traduccion-literaria-puentes-entre-culturas-y-mundos/
- On Translation. (s. f.). Traducción de libros: La traducción literaria. Recuperado el 26 de septiembre de 2026, de https://ontranslation.es/traduccion-de-libros/
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- Universidad Intercontinental. (s. f.). La importancia del rol del traductor. UIC. https://www.uic.mx/la-importancia-del-rol-del-traductor/
- Vidal, A. (2017). Traducir la alteridad: El traductor como mediador cultural. Revista de Filología y Lingüística, 43(2), 125-142. https://www.redalyc.org/journal/5037/503753965013/html/








